«Carta a un lector del año 2050»

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«Carta a un lector del año 2050»

¿Cómo va ese verano? Ya estamos a finales de julio y sé que muchos de vosotros estáis de vacaciones: «disfrutad mucho»; otros trabajando, pero a punto de que llegue ese ansiado agosto, para poder iros y descansar de todo un año repleto de trabajo. Y yo, un viernes más y fiel a mi cita con vosotros, aquí estoy, escribiéndoos un nuevo capítulo/artículo, el número 52 consecutivo, que quizá te haya atraído por el título o, simplemente, una vez más y fiel a vuestra cita, aquí estáis leyéndome de nuevo. Sea como fuere, bienvenidos a tod@s a esta comunidad mundial apodada: @elblogdejorgeesquirol.

Carta al lector del 2050:

No sé dónde estás ni cómo llegaste hasta aquí, ni a través de qué forma te llegó esta carta; no sé si me lees desde una pantalla flotante, un implante ocular o en un viejo cuaderno rescatado de algún rincón del olvido, con olor a polvo y a tiempo detenido y pasado.

Quizá esto te llegó por casualidad…
Quizá alguien lo encontró y te lo obsequió con cariño…
O quizá fuiste tú quien, en un acto de nostalgia y curiosidad, se lanzó a buscar palabras del pasado.

Sea como sea, gracias por estar aquí.

Yo te escribo desde 2025, justamente a finales de julio, desde un mundo que cambia cada día, a veces demasiado rápido y a veces con una lentitud que te llega a desesperar; un mundo lleno de contradicciones, donde puedes conectar con miles o millones de personas en segundos y, a la vez, sentirte más solo que nunca. Te escribo a ti, lector del año 2050, desde el 2025, donde el silencio se ha vuelto incómodo y las miradas se desvían hacia pantallas brillantes que iluminan rostros cada vez más apagados.

Aquí, en este presente que quizá para ti suene antiguo, arcaico o ingenuo, aún hay gente que escribe para no olvidarse, para dejar huella, para que, algún día, alguien, como tú, pueda leerlas y recordar que hubo un pasado, que fuimos auténticos, reales, humanos, imperfectos y soñadores, como espero que seas tú y la sociedad del año en el que habitas.

Te hablo desde un mundo de contrastes, de costas que aún huelen a salitre, de ciudades donde la historia se mezcla con la prisa, y de pueblos donde todavía hay abuelas que regalan galletas caseras sin pedir nada a cambio. Te hablo desde el caminar de las calles, donde el tiempo a veces se detiene, y otras corre como si se le escapara algo.

Tal vez tú vivas en un mundo más justo, tal vez ya no haya guerras, ni pobreza extrema, ni desastres que pudieron evitarse. Tal vez el planeta se haya recuperado y tal vez los humanos hayan aprendido a escucharse, a respetarse, a convivir… o quizá, tal vez no; tal vez sigáis luchando, buscando, soñando con un futuro que siempre parece estar un poco más allá para ser mejor.

Pero si algo deseo que siga existiendo en tu tiempo, es justo esto: la lectura que transmite, los escritores que damos valor a la palabra para hacer sentir emociones al lector.

Leer, escribir, compartir, detenerse a pensar, a sentir, a mirar a los demás con bondad, a entender que las palabras pueden ser puentes, refugios y hogar, que una sola frase puede cambiar un día de cualquier ser humano, que una historia o una simple frase puede salvar una vida, que una carta, como esta, puede viajar a través del tiempo y recordarte que no estás solo y que hubo un pasado antes de ti.

Tú, lector del 2050, eres una posibilidad que me emociona. Quizá sea un sueño o no, quizá sea una realidad el que me leas. Sea cual sea la edad que tengas, quizá seas una presencia futura que hace que mis palabras tengan un sentido, del que carecen hoy. Me estoy preguntando ahora mismo qué edad puedes tener: si eres joven y estás descubriendo el mundo con los ojos muy abiertos como platos, o si eres alguien que ha vivido lo suficiente como para entender que la vida es una mezcla de caos, belleza, dolor y milagro.

Me gustaría contarte cómo vivimos aquí, en el 2025: cómo seguimos intentando amar y calmarnos en medio del estrés y del ruido; cómo luchamos por cuidarnos a nosotros mismos, a nuestra madre Tierra, aunque aún no hagamos lo suficiente; cómo hay personas que aún regalamos tiempo a otros, que escriben cartas, que aún creen en los abrazos y en las conversaciones largas sin mirar el reloj.

Me gustaría, también, decirte que seguimos soñando, que, aunque a veces nos cueste, seguimos escribiendo; que el criterio cultural global ha perdido el raciocinio (aunque aún quedamos unos pocos que respetamos y miramos películas, leemos escritos y oímos música de verdad y de hace muchísimo más de 25 años, que son los que nos llevamos tú y yo); que hay quienes, como yo, se sientan cada semana frente a una página en blanco y la llenan de lo que sienten, piensan, temen y desean; que a veces escribimos por necesidad, y otras por puro amor y, aunque no lo creas, por esperanza.

¿Y tú? Cuéntame algo de ti y del año 2050, por favor. ¿Todavía lees blogs? ¿Aún existe eso? ¿Las personas siguen escribiendo desde lo más hondo, sin filtros, sin algoritmos que editen la emoción? ¿Sigue habiendo quien se emocione con una historia que no es suya, o una historia autobiográfica, pero que siente como propia?

Te he querido dedicar este capítulo/artículo y dejar estas palabras como quien lanza una botella (con este escrito dentro) al mar, sin saber dónde, ni cuándo, ni por quién será encontrada, ni si se perderá hundiéndose en lo más profundo del océano, pero con la esperanza y la fe de que alguien, en algún momento, la encuentre y la lea. Y será entonces cuando todo esto, todo lo que soy ahora mismo, cobrará sentido.

Porque sí, querido lector del 2050, las palabras viajan en el tiempo, son atemporales, no entienden de fechas ni de distancias, son semillas, memorias, abrazos recordados que sobreviven a cualquier tipo de calendario.

Y si has llegado hasta aquí, si estás leyendo esto en este mismo instante, entonces no fue en vano.

Quiero que sepas que te respeto, aunque no te conozca.
Que creo en ti, aunque aún no existas.
Que todo lo que soy ahora, con mis dudas, mis certezas, mis miedos y mis ganas, están resumidas en estas líneas, y te las quiero regalar con generosidad, como un regalo especial y que espero que conserves con un delicado cariño.

Cuando las encuentres, si es que esto llega a suceder, guárdalas o déjalas ir, pero no, y nunca, olvides que hubo un tiempo en que alguien creyó que las palabras aún podían cambiar el mundo.

Con todo lo que soy y con todo el cariño hacia ti y hacia el año en el que vives, 2050, te quiero mandar, desde el 2025, un abrazo profundo y sincero.

Tu amigo desde ahora,

Jorge Esquirol
@elblogdejorgeesquirol

Posdata:
Siempre en cada capítulo de mi blog, suelo escribir una posdata, pero no sé si en el 2050 tendrá sentido o si siquiera existirá.

Sed muy felices, por favor.
Jorge Esquirol.

6 respuestas

  1. Curioso, 25 de julio de 2025 haciendo un llamamiento a dentro de 25 años… quizás ese número hoy quiera decirnos algo, o no… quién sabe!
    En fin, he pensado en esa fecha, en dónde o cómo me encontraría yo y sólo he sentido silencio y ni una respuesta, lógico… pero espero que mi sobrina que hoy tiene 14 años pueda vivir ese día y ese 2050, y muchos años más, y pueda conocer esa respuesta y quizás leer este capítulo con el que hoy nos sorprendes. No te preocupes, le hablaré de ti y de tanto que nos aportas para mejorar nuestras vidas y… quién sabe, lo mismo en ese 2050 te lea ella y muchos más…
    Me quedo con este extracto que saco integro de tu blog de hoy: «cómo hay personas que aún regalamos tiempo a otros, que escriben cartas, que aún creen en los abrazos y en las conversaciones largas sin mirar el reloj.» Y yo, agradezco ésto y brindo porque hoy y siempre sea así, ya que es lo más valioso que podemos dar, pues el algo que
    sale del corazón y muestra la grandeza que hay en el ser humano. Un saludo. Feliz verano a todos!

    1. ¡Qué bonito todo lo que has escrito! Me emociona imaginar que dentro de 25 años tu sobrina pueda leer este capítulo y que, de alguna forma, las palabras de hoy sigan vivas en su memoria. Me conmueve mucho que hayas destacado ese extracto, porque para mí regalar tiempo, abrazos y conversaciones largas es lo que verdaderamente da sentido a nuestra vida.
      Ojalá ese 2050 nos encuentre —a quienes hoy soñamos— en un mundo más humano, más justo y más lleno de cariño.
      Gracias por estar aquí María, por leer, por sentir y por compartirlo con tanta generosidad. Te deseo un verano lleno de momentos que se queden para siempre.

  2. Que bonita reflexión, y que bien refleja la necesidad de la escritura y plasmar en un folio en blanco tantas cosas que forman parte de la vida misma, de sentimientos, de tristezas, de alegrías, de marchas, de bienvenidas. Que mejor legado puedes dejar en este paso por la vida, que tus vivencias, tus ideas y dejar testimonio de que existió un mundo antes que el tuyo. De alguna forma los que nos dedicamos a la escritura, en cada historia dejamos un mensaje para los seres humanos del futuro.
    Con dice la canción de Mocedades, cuando tú nazcas ojalá que exista un mundo como el mío, o si puede ser un poquito mejor, que se haya aprendido de los errores del pasado,.

    1. Qué maravilla leerte Antonio, has resumido de forma preciosa el sentido profundo de la escritura: dejar huella, testimonio y un pedacito de nuestro mundo para quienes vengan después.
      Es cierto, cada historia, cada palabra, es un mensaje que viaja en el tiempo y que habla de lo que fuimos, sentimos y aprendimos.
      Y sí, como en esa canción de Mocedades, ojalá el mundo que encuentren sea como el nuestro en lo bueno… y un poquito mejor gracias a las lecciones aprendidas.
      Gracias por compartir esta reflexión tan llena de verdad y amor por las letras.
      Un abrazo enorme

  3. Que interesante, dejar una carta para alguien del futuro. La verdad es que el futuro es incierto y ojalá se acaben las guerras, la violencia, la corrupción entre otras muchas cosas. pero como cantaba Mocedades, cuando tú nazcas ojalá exista un mundo como el mío.

    1. Qué bonito lo que dices y qué necesario soñar con ese futuro en paz, sin guerras ni corrupción.
      Ojalá, como en la canción de Mocedades, podamos dejar a quienes vengan un mundo como el que todos merecemos: más justo, más humano y más lleno de amor.
      Gracias por tu comentario y por sumarle tanta esperanza a esta reflexión.
      Un abrazo grande Antonio.

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