«El verano que no volverá»

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«El verano que no volverá»

Hola a todos, ¿cómo estáis? Hoy sí, hoy sí que despedimos este mes de agosto, con todo lo nuevo que nos espera en septiembre y con la incertidumbre y el nerviosismo de qué nos deparará la vuelta a nuestra rutina.

Bienvenidos un viernes y, una vez más, a este tu y mi espacio y mi blog personal: @elblogdejorgeesquirol.

No hay dos veranos iguales, y aunque cada año el calendario insista en repetir los mismos días, las mismas fechas y las mismas rutinas de escape, de ida y de vuelta, hay veranos que simplemente… no regresan, como os explicaría yo, como aquel vestido blanco que dejaste olvidado en una silla de plástico bajo una sombrilla que ya no existe, como ese amor de playa que prometía cartas que jamás llegaron, como esa versión de ti que se atrevía a mirar el horizonte sin miedo.

Este ha sido el verano de las canciones que ya no están de moda, del helado que se derritió más rápido de lo esperado, de los silencios que nadie interrumpió porque, por fin, no hacía falta hablar, ha sido el verano en el que volviste a sonreír o a reír a carcajadas como cuando eras niño, con la boca abierta y sin disimular en absoluto, ha sido el verano en el que bailaste mal, pero bailaste, el verano en el que por fin no fingiste estar bien, pero estuviste mejor que nunca, decidiendo ser tú mismo.

Hubo tardes en las que el sol parecía no querer marcharse y tú tampoco, acompasado en perfecta sintonía con él, el verano de atardeceres inolvidables que sabían a despedida aunque aún faltaran días en el calendario para regresar a tu lugar de origen. Un verano de noches con olor a sal, a cerveza fría y a promesas que sabías perfectamente que no ibas a cumplir, pero daba igual, porque el verano tiene esa capacidad de permitirnos ser un poco mentirosos sin culpa, un poco inconscientes sin remordimiento, un poco más vivos sin explicación.

Y ahora, mientras este mes de agosto empieza a decir adiós sin hacer mucho ruido, te das cuenta de que hay cosas que no supiste guardar del todo, personas que no llamaste, fotos que se te quedaron sin hacer hiciste, conversaciones que no tuviste porque pensaste que habría más tiempo, Spoiler: no lo hubo, no lo hay y ya no lo habrá, recordar que el tiempo no vuelve y es el mayor tesoro que podemos tener los seres humanos.

Las maletas vuelven a llenarse, pero esta vez no sólo con tu ropa, ahora quizá vayan más llenas, porque contienen todos esos momentos que has vivido, esas frases sueltas que alguien dijo en una terraza, las risas en medio de una carretera secundaria de camino hacia esa cala inolvidable que te esperaba, las canciones que descubriste por casualidad y que ahora parecen llevar tu nombre, ese olor a protector solar que, por alguna razón, siempre huele a tu infancia y muy posiblemente ese amanecer que contemplaste en soledad, con la piel erizada y el alma en pausa y relax mental meditativo.

«El verano que no volverá» no es el mejor ni el peor, es sencilla y simplemente irrepetible, porque, aunque no lo creas, tú ya no eres el mismo, porque las personas que lo compartieron contigo quizás no estén el año que viene, porque aprendiste algo, aunque no sepas ponerle nombre, porque sentiste una calma que no sabías que necesitabas, porque lloraste sin que nadie lo notara, y porque, sin querer, hiciste las paces con algo o alguien que venías arrastrando, pero sobre todo porque te permitiste estar, sin tener que ser.

Y eso es algo que el resto del año no siempre permite realizar.

Ya nadie pregunta la hora, ya no se discute por tonterías, tus chanclas se quedan marcadas en la entrada como un pequeño monumento a la despreocupación, y tú, que has sobrevivido a tus propias expectativas, solo quieres prolongar un poco más este instante, este café con hielo, ese paseo sin destino, ese mensaje que aún no enviaste pero que quizá escribas hoy.

«El verano que no volverá», se quedará en la retina de tu memoria y habitará en tu piel, en esa parte invisible del alma donde habitan los recuerdos que no se cuentan, pero que te sostienen cuando todo lo demás se cae a tu alrededor.

Muy probablemente para muchos de vosotros, ha sido el verano del reencuentro con la lentitud, de las sobremesas eternas, del primer baño con miedo, de las siestas sin culpa ni despertador, del libro que por fin y después de tantos meses terminaste de leer, de la risa tonta y contagiosa de la despreocupación y la libertad que resonó tan fuerte que hizo que el camarero se girara, de la noche en que no hubo luna, pero sí estrellas.

Hay un momento, siempre, en el que sabes que algo se está acabando, aunque ni siquiera hayas mirado el calendario, un olor, una conversación, una despedida, una lágrima que no entiendes pero que aparece en el instante más inesperado, y, sí, sabes que algo se va y que se va de verdad, que se va sin drama, pero con mucha verdad, y sobre todo quizá te entristezca el estar en lo cierto de saber que no volverá.

Y es que hay veranos que son como ciertos amores, no vuelven, pero nunca se van del todo.

Quizá eso sea lo verdaderamente mágico, saber que no se repetirá, que aunque el año que viene regreses al mismo lugar, no volverás con los mismos ojos, ni siendo el mismo que me estás leyendo desde cualquier rincón del mundo, que aunque pongas la misma canción, no sonará igual y aunque repitas la foto, no tendrás el mismo gesto, porque algo cambió, porque tú cambiaste y porque simplemente así es la vida.

Y no pasa nada.

Guardarás este verano como se guardan las cosas importantes, sin saber muy bien dónde ponerlas, pero sabiendo que siempre estarán, lo guardarás como esa concha que encontraste en la orilla y que llevas en el bolsillo aunque ya no sepas por qué, como ese nombre que resuena en tu cabeza aunque no lo quieras pronunciar, por miedo a sentir el dolor del adiós o la despedida, como ese atardecer que jamás podrás borrar de tu retentiva.

Y cuando llegue septiembre, y la rutina vuelva a colarse en tu vida como un vecino pesado, habrá algo dentro de ti que no se dejará domesticar, ni domar, tendrás una chispa, un recuerdo, una canción o una mirada…

Algo que te recuerde que existió un verano que no volverá, pero que te dejó lleno de vida y de momentos inolvidables.

Y eso, querido lector, amiga o amigo mío, nadie te lo podrá quitar.

Jorge Esquirol.

@elblogdejorgeesquirol.

Posdata:

Arrancamos un septiembre para mí cargado de ilusiones pero también de responsabilidad, con demasiadas cosas por delante, pero sobre todo concienciado, de que por lo menos intentaré hacer las cosas bien.

Sed muy felices, por favor.

Os abrazo.

Jorge Esquirol.

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