Es el artículo número 100 Y OS DOY MI PALABRA QUE NO QUERÍA ESCRIBIR DE ESTO.
Hay números que son únicamente números.
Y hay otros que terminan convirtiéndose en parte de tu propia historia.
Hoy no escribo un capítulo más.
Hoy escribo el capítulo número cien.
Cien viernes consecutivos, cien semanas sin faltar a una sola cita con este rincón que un día nació sin más pretensión que la de ordenar mis pensamientos y compartirlos con quien quisiera detenerse unos minutos a leer.
Nunca imaginé que aquel primer artículo acabaría convirtiéndose en un camino recorrido junto a miles de lectores de tantos lugares del mundo.
Durante estos cien capítulos hemos hablado de la vida y de la muerte. De la enfermedad y de la esperanza. Del fracaso y de la superación. De la amistad verdadera y de las decepciones. De la fe, del silencio, de la dignidad y de la condición humana.
Y precisamente hoy, cuando este blog alcanza un número que jamás olvidaré, la actualidad nos golpea con una tragedia que vuelve a recordarnos qué es lo verdaderamente importante.
Las imágenes que llegan desde Venezuela no entienden de ideologías, no entiende de fronteras, no entiende de religiones.
No entienden de partidos políticos…entienden de dolor, de familias que lo han perdido todo, de padres buscando a sus hijos, de hijos esperando noticias de sus padres, de personas heridas, de desaparecidos bajo los escombros, de miles de ciudadanos cuya vida cambió para siempre en apenas unos instantes.
Desde estas líneas quiero expresar mi más profundo pésame a todas las familias que hoy lloran o lloramos la pérdida de un ser querido…ninguna palabra será suficiente para aliviar un dolor tan inmenso, pero sí pueden convertirse en un abrazo sincero desde la distancia.
Quiero desear también una pronta y completa recuperación a todos los heridos; ojalá puedan volver a abrazar a quienes aman.
Y quiero mantener viva la esperanza de que cada minuto acerque un poco más a los equipos de rescate a todas aquellas personas que continúan desaparecidas. Mientras exista la más mínima posibilidad de encontrar una vida, jamás debería faltar un solo esfuerzo por seguir buscándola.
Porque una vida humana nunca puede darse por perdida mientras exista una oportunidad de salvarla.
Y es precisamente aquí donde nace la reflexión que hoy quería compartir.
Vivimos en un mundo donde los discursos valen “mierda”, las declaraciones llegan en segundos, los comunicados oficiales se redactan con rapidez, las redes sociales se llenan de mensajes de apoyo.
Todo eso está bien, pero hay algo infinitamente más importante: ACTUAR.
Porque cuando alguien permanece atrapado bajo toneladas de hormigón, cada minuto cuenta, porque el tiempo no entiende de burocracia, porque la esperanza tampoco espera a que termine una reunión.
En una emergencia humanitaria, la diferencia entre llegar hoy o llegar mañana puede significar la diferencia entre la vida y la muerte.
Por eso hoy quiero detenerme en un país pequeño por su extensión, pero que ha querido responder con rapidez ante el sufrimiento de otro pueblo.
Quiero hablar de El Salvador.
Un país de poco más de seis millones de habitantes que ha movilizado equipos humanos, recursos materiales y ayuda de emergencia con el objetivo de colaborar en las labores de rescate y asistencia a Venezuela: ese gesto transmite una idea poderosa…cuando hay vidas en juego, la rapidez importa.
Y también quiero mencionar a su Presidente, Nayib Bukele.
Cada persona tendrá su propia opinión sobre su figura política, es natural y forma parte de cualquier democracia, pero cuando una decisión contribuye a acelerar una respuesta humanitaria, considero justo reconocer el valor de esa capacidad de reacción.
Porque los equipos de rescate no preguntan a quién votó la persona que intenta sobrevivir bajo los escombros.
Los médicos no preguntan cuál era la ideología de un herido antes de atenderlo.
Los bomberos no distinguen entre banderas cuando escuchan una voz pidiendo ayuda.
Eso es lo que verdaderamente importa.
Eso es humanidad
Y ojalá esa capacidad de responder con rapidez sea siempre el objetivo de todos los gobiernos, de todas las instituciones y de todos los países del mundo, sin excepción.
No escribo este artículo para enfrentar a unas naciones con otras, ni para dividir, ni para alimentar debates estériles…lo escribo porque creo que las tragedias deberían servirnos para aprender.
Para recordar que ninguna diferencia política puede ser más importante que una vida humana, para comprender que la solidaridad no debería tener fronteras.
Y para entender que ayudar nunca puede esperar.
Después llegarán los análisis, después llegarán las cifras y los informes.
Pero hoy lo urgente sigue siendo salvar vidas, y cuando el último superviviente haya sido encontrado, comenzará otra batalla todavía más difícil.
La reconstrucción, reconstruir viviendas, escuelas, hospitales, infraestructuras y sobre todo “HOGARES”
Pero, sobre todo, reconstruir la esperanza de un pueblo que lleva demasiado tiempo enfrentándose al sufrimiento.
Ojalá, Venezuela, pueda levantarse, ojalá reciba toda la ayuda que necesite, ojalá ningún país mire hacia otro lado mientras todavía existan personas esperando una mano tendida, porque el verdadero liderazgo no se demuestra únicamente con palabras, se demuestra con hechos, con decisiones, con rapidez, responsabilidad, pero sobre todo con humanidad.
Después de cien capítulos sigo creyendo exactamente en lo mismo que cuando escribí el primero.
Las personas siempre estarán por encima de cualquier ideología, la compasión siempre será más valiosa que el enfrentamiento, y la acción siempre tendrá más fuerza que cualquier discurso.
Quizá por eso he querido titular este centésimo capítulo «Menos hablar y más actuar».
Porque dentro de unos años nadie recordará quién pronunció el discurso más brillante, ni nadie recordará quién consiguió el mejor titular, pero la Historia sí recordará a quienes estuvieron presentes cuando todavía había vidas que salvar.
Gracias a todos los que habéis caminado conmigo durante estas cien semanas consecutivas.
Este no es un punto final.
Es simplemente el comienzo del siguiente capítulo.
Y mientras tenga una página en blanco delante y un motivo para escribir, seguiré creyendo que las palabras pueden remover conciencias.
Pero solo si, después de leerlas, somos capaces de convertirlas en hechos.
Porque el mundo necesita menos ruido.
Menos enfrentamientos.
Menos discursos.
Y mucha más humanidad.
«La Historia no recordará quién habló más…recordará quién actuó cuando todavía había vidas que salvar»
Jorge Esquirol.
@elblogdejorgeesquirol






4 respuestas
Felicidades por este capítulo número 100. Has convertido una cifra simbólica en una reflexión que pone el foco donde realmente importa: la vida, la solidaridad y la responsabilidad de actuar cuando otros nos necesitan. Mi respeto por estos cien viernes de compromiso con tus lectores y mi deseo de que Venezuela encuentre toda la ayuda y la esperanza posibles. Que vengan otros cien capítulos con la misma humanidad que transmites hoy.
Muchas gracias de corazón por tus palabras, Maryory. Me emocionan profundamente porque detrás de estos cien capítulos ha habido también momentos de tristeza, de pena y de dolor que han dado sentido a cada reflexión compartida, y este uno, por tú país Venezuela, auque haya más trnasfondo Saber que el mensaje llega y que invita a mirar con más humanidad y compromiso es el mejor regalo que podía recibir.
Ojalá Venezuela, y tantos lugares donde el sufrimiento golpea con fuerza, encuentren la solidaridad, la ayuda y la esperanza que tanto necesitan. Gracias por caminar a mi lado en este recorrido y por valorar no solo el número, sino el corazón que hay detrás de cada viernes. Un abrazo enorme.
Muy bueno el numero 100, one zero zero, y muy acertado.
¡Muchísimas gracias por tu comentario, Didier!, Me alegra mucho saber que este artículo número 100 te haya parecido muy bueno y acertado. Alcanzar esta publicación ha sido un momento especial para mí, y leer mensajes como el tuyo hace que todo el esfuerzo haya valido la pena. Gracias de corazón, amigo, por siempre estar ahí, por acompañarme, por leer el blog y por dedicar unos minutos a compartir tu opinión. ¡Un abrazo muy fuerte!