“El Significado Ausente”

“El Significado Ausente”

Pues un viernes más y no un viernes cualquiera para mí, hoy os escribo el artículo, número 90, consecutivo de este mi blog personal: @elblogdejorgeesquirol. 

Cómo ya sabéis, desde hace tiempo tomé la decisión de escribir para mí, no para quién lo quisiera escuchar o en este caso leer, a mi manera y mi modo, como sé y como me gusta. 

Así, que, esperando que tod@s vosotr@s, (desde cualquier lugar del mundo que en este momento estéis leyendo estas líneas), estéis bien, vamos sin más preámbulos con este artículo que he querido titular: “El Significado Ausente” 

Bajo mi punto de vista y tras analizarlo exhaustivamente, puedo afirmar que siempre se produce una incertidumbre, o quizá una “fisura”, (no inaugural, sino persistente), en el andamiaje de todo aquello que creemos comprender.  

No es una incertidumbre visible, ni siquiera conceptualizable en términos ordinarios, sino más bien una especie de desajuste ontológico que se desliza entre lo que nombramos y aquello que, en rigor, jamás ha sido susceptible de ser nombrado.  

Esa fisura no separa o divide, sino descompone el argumento, y en esa descomposición se encuentra, silencioso e irreductible, el “significado ausente” 

Decir que algo “significa” es, en esencia, un acto de arrogancia y prepotencia semántica, presupone una correspondencia, una isomorfia ilusoria entre el signo y lo significado, como si el lenguaje fuese una superficie diáfana y no un campo minado de ambigüedades, equívocos y desplazamientos.  

Pero el significado, (si es que tal cosa puede sostenerse como concepto), no comparece ni se nos presenta nunca en su plenitud…. 

Puede insinuarse o retraerse, o muy probablemente diferirse, al fin y al cabo, es, en su núcleo, una simple y llana latencia, pero, sin embargo, insistimos… 

Insistimos en fijar lo inasible, en delimitar lo que por naturaleza se sustrae y muchos se dedican a construir discursos como quien erige diques contra una marea que no entiende de contenciones.  

Cada palabra es una tentativa fallida de clausura, un gesto desesperado por instaurar orden donde solo hay una proliferación desmedida y desbocada, pero, querid@s amigos, el orden, no es más que una ficción tardía y una superposición tranquilizadora sobre un fondo radicalmente indeterminado. 

Es por ello por lo que el pensamiento más honesto no es el que esclarece, sino el que enturbia con una precisión innata. 

Personalmente, para mí, existe algo profundamente perturbador en advertir que el sentido no reside en las palabras, sino en la distancia entre ellas, en ese intersticio, (no cuantificable y no y nunca reducible), donde el lenguaje parece detenerse, como si sospechara su propia insuficiencia…. y justamente ahí, es donde acontece lo que no “puede acontecer”, como una forma de comprensión que no pasa por la inteligibilidad, una intuición sin objeto o una certeza sin contenido. 

“El significado ausente”, no se debe asumir como una carencia, más bien deberíamos adoptarlo como una presencia negativa, ya que no falta, sino desborda, y en ese desbordamiento se revela la falacia estructural de todo el sistema explicativo. 

Porque explicar es domesticar, y domesticar implica necesariamente mutilar…todo intento de hacer comprensible algo implica reducirlo a los márgenes de lo ya conocido, de lo ya asimilado, pero lo verdaderamente significativo, (si me permitís la paradoja), no es lo que se deja integrar, sino lo que resiste a cualquier o a toda integración…. es lo que incomoda, lo que no encaja…lo que permanece, obstinadamente, en un estado de extranjería equidistante a nuestra “posible comprensión”. 

Hay, en ese sentido, una ética del desconcierto, una disposición a entrometerse o sumergirse en la opacidad sin la urgencia de disiparla, existe en muchas personas que escucho, u oigo o leo, una forma de pensamiento que no busca resolver, sino sostener la tensión, porque quizá la verdad, (esa palabra tan erosionada en los tiempos que corren), no sea un punto de llegada, sino un régimen de inestabilidad permanente. 

No se trata de comprender más, sino de comprender de otro modo o manera, o incluso, (y aquí, el vértigo se intensifica), de renunciar a comprender en los términos en que nos ha sido enseñado algo. 

El lector que busca claridad encontrará aquí una resistencia deliberada por mi parte, es cierto y lo asumo, pero no por capricho, ni por voluntad propia, sino porque toda claridad es, en última instancia, una simplificación sencilla y la vez difícil de comprender para muchos…. y en realidad, la “verdad”, (si es que aún podemos invocar esa categoría sin ironía), no se deja simplificar sin perder aquello que lo constituye. 

Hay algo en nosotros que reconoce esto, pero de una manera demasiado superflua y sin que llegue a calarnos, ¿cierto?… una suerte de resonancia preconceptual, un eco que no proviene de ninguna parte que podamos identificar, pero que, sin embargo, se impone con una evidencia inquietante.  

En la mayoría de las ocasiones no entendemos nada, pero sentimos que hay algo que debería ser entendido, y esa sensación (esa incomodidad sutil), es, quizá, la forma más pura de contacto con el significado ausente. 

Porque el significado ausente nunca se ofrece, más bien se insinúa, no se presenta como objeto, sino como desplazamiento, no es algo que pueda ser poseído, sino algo que se experimenta en el límite mismo de la experiencia.  

“El significado ausente”, es un umbral sin umbral, una frontera que no separa territorios, sino, todo lo contrario… los desdibuja. 

Y tomando esa referencia, todo lenguaje, absolutamente todo es un rodeo, un circunloquio interminable alrededor de algo que no puede ser dicho sin traicionarlo…pero, sin embargo, seguimos hablando y hablando y hablando…. y seguimos escribiendo…seguimos intentando, (con una mezcla de obstinación y melancolía), capturar lo que se nos escapa en el mismo gesto y momento de intentar capturarlo; y ¿sabéis por qué?, pues porque tal vez en el fondo, sabemos que no hay otra cosa que hacer, o tal vez porque el fracaso mismo contiene una forma de verdad, aunque dolorosa, pero de verdad muy certera; una verdad que no se deja formular, pero que se deja entrever en los pliegues del discurso, en las interrupciones, en las vacilaciones, en todo aquello que no termina de encajar ese “puzle” y en todo aquello que queda fuera y ausente de contexto y significado. 

“El significado ausente”, no es un problema para resolver, sino una condición a asumir, una invitación, (si se quiere aceptar), a desactivar la compulsión explicativa, a suspender la necesidad de coherencia, a aceptar que hay dimensiones de lo real que no se dejan traducir en términos comprensibles, y que, sin embargo, son las que más intensamente nos afectan. 

No olvidemos que existe una forma de lucidez que no pasa por la claridad; una lucidez oblicua, fragmentaria e incluso contradictoria, una lucidez que no ilumina, sino que oscurece con precisión…que no ordena, sino que desorganiza con sentido; y en esa desorganización, es, donde, paradójicamente, algo comienza a adquirir esa densidad inevitable, pero a la vez imprescindible, y no de significado, sino, llamémosle de gravedad. 

Porque quizá lo que buscamos no es entender, sino sentir que hay algo que merece ser entendido, aunque nunca lo logremos entender del todo.  

Es como una especie de fidelidad a lo incomprensible, una lealtad a aquello que no se deja reducir ni traducir… 

“El significado ausente”, no se encuentra por casualidad, se persigue…y en esa persecución, (para muchos, inagotable e improductiva), pero necesaria, se configura una forma de existencia que no se define por lo que sabe, sino por lo que intuye que no sabe, por una existencia que no se apoya en certezas, sino en fisuras argumentales, y sobre todo que no se construye sobre fundamentos, sino sobre verdades. 

Quizá por eso este texto, aunque yo decida concluirlo, no concluya, porque concluir sería traicionar aquello que se intenta racionalizar, sería “dar un portazo” a lo que, por definición, no admite clausura, sería imponer una forma donde solo hay proceso, una estructura donde solo hay deriva y sobre todo sería ir en desacuerdo a mí mismo, y eso sería una contradicción personal, que jamás podría admitir. 

Y, sin embargo, aquí estamos…yo, por mi parte escribiendo y algun@s de vosotros, si habéis llegado hasta aquí, leyendo o intentando comprender… probablemente sintiendo que algo, (aunque no sepáis el qué) se dice en este artículo número 90… o tal vez no y me equivoque por completo… 

Esa es la grandeza de escribir o reflexionar a la vez que te guías por tu mente y dejas arrastrar tus palabras por tu propio saber, sin pensar en ningún momento, que, en un rato, en algún o cualquier lugar del mundo, alguien te estará leyendo. 

 

Posdata: 

Y siempre recordar, lo que siempre os digo, por muchas vicisitudes, u obstáculos que nos ponga la vida, intentar: 

 “Sed, muy felices, por favor” 

Jorge Esquirol. 

@elblogdejorgeesquirol. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MI ÚLTIMO LIBRO

PACK 2 LIBROS / 28€
🌟REFLEXIÓN & ALMA 🌟

Lo último del blog

PACK 2 LIBROS / 28€
🌟REFLEXIÓN & ALMA 🌟

No hay ninguna forma de pago conectada. Contacta con el vendedor.

Déjate tocar por las palabras y el alma de Jorge Esquirol con este pack único que une sus dos obras más íntimas y transformadoras: 

📚 Incluye:

✔️ Te regalo mis pensamientos – Un viaje poético y emocional que abraza el dolor, la pérdida y la esperanza.
✔️ La pirámide del alma – Una obra introspectiva que invita a conocerte, reconstruirte y avanzar desde lo más profundo de ti mismo.

🎁 Pack exclusivo de autor por solo 28 € (precio especial frente a los 34 € habituales).

Llévate ambos libros con dedicatoria personalizada y sumérgete en una experiencia literaria que transforma, consuela y despierta. Ideal para regalar… o regalarte.