«¿Hasta cuándo?»

¿Hasta cuándo?
«¿Hasta cuándo?»

¿Cómo estáis? Ya en el mes de febrero de este nuevo año 2026, y justo hoy, cumplo 80 artículos consecutivos de esta cada vez mayor comunidad de lectores a nivel mundial, llamada o apodada: @elblogdejorgeesquirol.

Hoy os traigo un artículo, quizá el más crítico que he escrito hasta ahora, porque dentro de la conciencia uno de los pilares básicos es el análisis, o el autoanálisis que conlleva, y de la mano, la autocrítica o crítica. Así que vamos allá con este nuevo artículo titulado «¿Hasta cuándo?».

Hay preguntas que no pertenecen al ámbito del lenguaje comunicativo porque no aspiran a transmitir sentido, sino a desarticularlo. ¿Hasta cuándo? es una de ellas y quiero aclarar el porqué: no se formula para ser entendida, sino para provocar una disonancia interna imposible de resolver sin una revisión radical de la propia identidad.

No es una pregunta temporal ni ajena, es una acusación estructural y global. No se refiere al futuro, sino que señala a un presente que ya debería haberse vuelto insoportable.

La época en la que vivimos ha alcanzado un grado de sofisticación moral y de «estupidez» tan elevado que ha conseguido algo inédito: pensar sin que ese pensamiento tenga consecuencias. El ejercicio intelectual se ha emancipado de toda responsabilidad ética; se analiza, se teoriza, se contextualiza, se problematiza, pero no se transforma, no llega a ningún buen puerto ni a absolutamente nada.

El pensamiento ha dejado de ser un acto de riesgo para convertirse en una actividad estética, cómoda, incluso decorativa o figurativa. Y tú participas de esa lógica.

No por maldad, sino por adaptación, por «seguir al rebaño» y, quizá en muchas ocasiones, por «cobardía». Porque adaptarse es la forma contemporánea de sobrevivir sin conflicto, porque encajar se ha vuelto más importante que comprender y que luchar, porque pertenecer al «rebaño de imbéciles» tranquiliza más que disentir de él. Y es así como la conciencia se convierte en un artefacto retórico: algo que se menciona, se exhibe, se invoca, pero rara vez se lleva a la práctica o se habita.

La injusticia no se perpetúa por ignorancia, sino por familiaridad. Se vuelve familiar y soportable cuando deja de sorprender, se normaliza cuando deja de incomodar, se integra cuando deja de exigir una respuesta. El verdadero triunfo del mal no es imponerse, sino no precisar de explicación ni necesidad de ser explicado.

Os quiero, como normalmente en cada artículo, realizar unas preguntas para que las interioricéis y os respondáis vosotros mismos:

¿En qué momento decidiste que saber era suficiente?
¿En qué punto confundiste la palabra lucidez con la definición de distancia emocional?

Vivimos rodeados de información sobre el sufrimiento, pero hemos desarrollado una capacidad extraordinaria para no dejar que esa información nos afecte estructuralmente. Cada día, cada minuto, observamos, leemos, escuchamos, pero no permitimos que nada de eso reorganice nuestra forma de estar y comportarnos en el mundo. El dolor ajeno se convierte en contenido viral de RR. SS., y lo más lamentable e «intolerable» es la miseria humana en cada relato.

La desigualdad se ha vuelto «cotidiana» en el marco conceptual. Mientras tanto, hay seres humanos que no comen, no como metáfora ni como símbolo, sino como realidad, como hecho biológico. Sí, gente muriendo de inanición. Hay existencias reducidas a una supervivencia mínima mientras tú administras cuidadosamente tu nivel de implicación para que no perturbe tu estabilidad. Porque ahí está el grave error: a la mayoría de las personas que habitan este mundo les importa «una, no… mil mierdas» lo que le pueda suceder a los demás. Y lo más tremendo es que lo hacen con una tranquilidad pasmosa e inquietante, convencidos de que no les corresponde hacer más de lo que hacen, es decir, nada. Y eso, amigos, ni es sociedad ni mucho menos neutralidad.

Eso es abandono de la complicidad funcional.

Vamos con otras dos preguntas:

¿Hasta cuándo vas a seguir llamando complejidad a tu negativa a implicarte?
¿Hasta cuándo vas a seguir utilizando el pensamiento como escudo para no actuar?

¿Te has contestado a ti mismo?

Pues sigo, que estoy inspirado…

La conciencia contemporánea se caracteriza por su selectividad al antojo de cada cual. Elige qué dolores merecen atención y cuáles conviene ignorar; aprende a jerarquizar el sufrimiento según su proximidad, su rentabilidad y bienestar emocional, su impacto en la imagen propia. Se indigna cuando hay consenso (y el «rebañito» también se indigna), pero se calla, con ese silencio sepulcral, cómplice y cobarde, cuando hay riesgo. Solo se moviliza cuando no ve riesgo de pérdidas personales. Y es así como se construye una subjetividad perfectamente integrada en un sistema que «presume» de criticar.

Querid@s lectores y amig@s, la mentira más profunda no es la ideológica ni la política (que esta última basa su propia forma, palabra y acción en ella), ni siquiera la social. La gran y preocupante mentira es la existencial. Esta es la mentira que te permite sostener una narrativa coherente sobre ti mismo mientras tu forma de vida reproduce aquello que dices rechazar. La mentira existencial no se impone desde fuera ni está influenciada por circunstancias externas, sino que se cultiva desde dentro, se afina con un descompromiso moral «vomitivo», convirtiéndose finalmente en tu propia personalidad y carácter.

Nos hemos acostumbrado a vivir muy por debajo de nuestras posibilidades éticas y lo hemos bautizado como «realismo». Hemos reducido la exigencia moral a tal bajeza para que encaje con nuestras rutinas, y después hemos elaborado un discurso lo suficientemente sofisticado como para no sentir vergüenza por ello.

La conciencia, cuando no se ejerce, no se extingue; mucho peor: se degrada. Se vuelve cínica, aprende a justificarlo todo, se refugia en la ironía, en el distanciamiento, en la «supuesta madurez» que consiste en no tomarse nada (absolutamente nada), excepto a uno mismo, en serio. Esa madurez no es sabiduría —como he oído, que no escuchado, a muchos presumir de ello—, es una mentira falaz y fatiga moral.

¿Hasta cuándo vas a seguir aceptando un modelo de mundo que necesita excluidos estructurales para sostenerse?
¿Hasta cuándo vas a celebrar avances que solo benefician a quienes ya estaban a salvo?

No creáis que este texto busca persuadirte ni convencerte de nada. Persuadir es un gesto superficial. Lo que pretendo en este nuevo artículo es desarmarte por completo y desenmascararte, porque solo desde el desarme puede producirse una revisión auténtica. No hay transformación sin pérdida… No hay conciencia sin incomodidad… No hay ética sin renuncia… Y sí, este texto te acusa.

Pero no te acusa de ser cruel, sino de ser suficientemente consciente como para no poder alegar ignorancia.

Te acusa de haber comprendido.
Te acusa de haber sabido y no actuado.
Te acusa, precisamente, de haber seguido adelante como si nada.

Pero también me acusa a mí, porque escribir no absuelve de nada, pensar no purifica, nombrar no transforma por sí solo. La palabra solo adquiere densidad ética cuando deja de ser un ejercicio estético y se convierte en una exigencia vital sostenida en el tiempo.

Ochenta artículos consecutivos no son una obra de arte; son una negativa persistente a aceptar la anestesia como condición normal. Un intento —insuficiente o precario— de no capitular ni rendirme ante la mediocridad moral de una época que ha aprendido a sofisticar la indiferencia y la idiotez hasta el punto de volverlas respetables.

Y por eso las preguntas no se agotarán nunca, y tampoco se responderán. Quizá se archiven en tu memoria, pero todas estas preguntas se volverán cada vez más incómodas, más desnudas y más difíciles de esquivar.

Y como hoy estoy demasiado preguntón, voy a terminar con otras dos preguntas:

¿Hasta cuándo vas a seguir siendo quien eres si esa identidad es compatible con la injusticia que dices detestar?
¿Hasta cuándo vas a exigirle al mundo una altura moral que tú mismo no estás dispuesto a llevar a cabo ni a demostrar?

No hay respuestas tranquilizadoras a estas preguntas, ¿cierto?

Nunca las hubo, ni de seguir por esta senda o camino, las habrá.

Solo queda la pregunta, sostenida como una carga que ya no puede delegarse ni omitirse:

¿Hasta cuándo, amigos y queridos lectores?

Jorge Esquirol.
@elblogdejorgeesquirol.
Artículo 80, consecutivo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MI ÚLTIMO LIBRO

PACK 2 LIBROS / 28€
🌟REFLEXIÓN & ALMA 🌟

Lo último del blog

PACK 2 LIBROS / 28€
🌟REFLEXIÓN & ALMA 🌟

No hay ninguna forma de pago conectada. Contacta con el vendedor.

Déjate tocar por las palabras y el alma de Jorge Esquirol con este pack único que une sus dos obras más íntimas y transformadoras: 

📚 Incluye:

✔️ Te regalo mis pensamientos – Un viaje poético y emocional que abraza el dolor, la pérdida y la esperanza.
✔️ La pirámide del alma – Una obra introspectiva que invita a conocerte, reconstruirte y avanzar desde lo más profundo de ti mismo.

🎁 Pack exclusivo de autor por solo 28 € (precio especial frente a los 34 € habituales).

Llévate ambos libros con dedicatoria personalizada y sumérgete en una experiencia literaria que transforma, consuela y despierta. Ideal para regalar… o regalarte.