«NO, NO Y NO ME GUSTA»

NO
«NO, NO Y NO ME GUSTA»

ADVERTENCIA:
(No apto para sensibilidades cómodas)

Ochenta y tres viernes consecutivos…
Sin faltar uno…
Ochenta y tres citas con lectores de Estados Unidos, México, Irlanda, España, Reino Unido, Argentina, Colombia, Perú, Chile, Italia, Alemania, Suiza, Suecia, Francia, Países Bajos… y otros países cuyos mapas aún no he pisado pero cuyos corazones ya forman parte de esta comunidad literaria, apodada ya hace demasiado tiempo: @elblogdejorgeesquirol.

Ochenta y tres actos de coherencia.
Y hoy no escribo para agradaros, hoy os escribo para, quizá, incomodaros…

Este artículo no es apto para personas que buscan consuelo superficial, no es apto para quien confunde bondad con tibieza, no es apto para quien cree que el silencio es neutral.

Hoy no quiero tu «me gusta» o «Like», como se llama ahora adoptando el anglicismo…
Hoy quiero tu conciencia… y me atrevería a decir tu atención plena en la lectura de este nuevo artículo.

Siempre os digo que vivimos en la era de la indignación digital o, lo que es lo mismo, «la indiferencia real».

Un clic…
Un emoticono…
Una frase compartida…
¿Y después?… Pues después… NADA.

Ni compromiso…
Ni acción…
Ni consecuencias…

Nos hemos convertido en comentaristas del dolor ajeno, en analistas (sin serlo) de la tragedia, en «voceros» y «divulgadores» profesionales del hambre, la guerra, la corrupción, la violencia, la pobreza infantil y la desigualdad social…
Pero… ¿y…? Os lo digo o escribo bien clarito: no movemos un dedo fuera de las pantallitas de los «cojones».
Y no, no, ni lo comparto ni me gusta…

Hay niños que mueren de hambre mientras discutimos ideologías en cafeterías climatizadas (calentitos en invierno y fresquitos en verano)…
Hay mujeres y hombres que sufren violencia mientras debatimos estadísticas como si fueran cifras bursátiles, como si fuéramos corredores de bolsa o «bróker» de vidas ajenas que no nos pertenecen…

Hay ancianos que sobreviven en soledad mientras nosotros sobrevivimos y nos quejamos de nuestro aburrimiento…

Y el mundo sigue girando…
Y no por maldad estructural, sino por esa «enfermedad contagiosa» a la que yo llamo «pasividad colectiva».

La injusticia global no se sostiene solo por quienes la ejecutan, sino por quienes la toleran ilícitamente y, como cómplices, la amparan… y sí, os aseguro que la tolerancia cómoda es una forma elegante de complicidad.

La falsedad política no se alimenta sola. No hablo de siglas ni de partidos concretos; hablo de políticos mangantes en general que se nutren de votantes acríticos, estúpidos e idiotas perdidos, cuyos seguidores llegan a un punto de fanatismo digno de «hooligans»… de ciudadanos que delegan su responsabilidad moral en discursos vacíos…

El populismo crece donde la educación ética se debilita; la corrupción prospera donde la memoria colectiva se fragiliza hasta la estupidez total.
La manipulación triunfa donde el pensamiento crítico escasea…

No es una cuestión de izquierda o derecha, es una cuestión de coherencia.

Cuando el poder se convierte en espectáculo, en un circo romano, en una batalla campal y un «show» de insultos constantes entre unos y otros, sin avance alguno para una nación, y la ciudadanía es la fiel audiencia que la ríe, la aplaude y la viraliza, la democracia se convierte en una película de ficción o, mejor dicho, de terror.

NO Y NO…
No me gusta ni lo comparto…

España fue grande cuando defendió principios, cultura, pensamiento, esfuerzo y excelencia y se ha convertido, o la han convertido, en diminuta cuando comenzó a normalizarse la mediocridad, cuando comenzó a premiarse el ruido y a despreciarse el mérito.
Cuando se convirtió la confrontación en estrategia permanente.

Y esto no es solo un ataque a una nación, es una advertencia a la conciencia de tod@s vosotr@s, queridos lectores…
Porque los países no se destruyen desde fuera, sino que se erosionan desde dentro.

Lo verdaderamente peligroso no es el delincuente que actúa…
Es la sociedad que lo justifica, lo aplaude y lo ríe…
Es la comunidad que relativiza, es el entorno que calla vilmente como cobardes (como si no fuera con ellos la historia)…

El silencio ante la injusticia no es neutralidad, es posicionamiento y, como os he dicho antes, complicidad.

Quien mira hacia otro lado ante la violencia está eligiendo claramente cuál es su bando y sus preferencias…
Quien trivializa la pobreza está legitimando el sistema que la perpetúa…
Quien banaliza la delincuencia está alimentando su repetición…

La historia no recuerda a los indiferentes…
Los arrastra…

Este artículo no busca aplausos, ni los busco ni los quiero; lo que busco es cribar, «tamizar»…

Si te incomoda, pregúntate por qué…
Si te enfada, analiza qué parte te interpela…
Si te remueve, quizá aún estás vivo por dentro o te queda algo de dignidad y de corazón…

Yo no escribo para sumar seguidores; por eso estos 82 artículos consecutivos han sido gratis y seguirán siéndolo, hasta que decida que no lo sean…

Escribo para sumar y despertar conciencias.
La transformación social no comienza en los parlamentos ni en «la cajita tonta», ni la «ventana de la manipulación», vamos, la televisión…
Comienza en el espejo, donde nos debemos mirar…

¿Eres coherente con lo que denuncias?
¿Consumes lo que criticas?
¿Callas donde deberías hablar?
¿Hablas donde deberías actuar?

NO y NO…
El mundo no necesita más opiniones, necesita personas que sostengan su ética incluso cuando no es rentable para ellas…
Necesita ciudadanos que practiquen justicia social más allá del discurso…
Necesita adultos que no deleguen la educación moral en algoritmos ni dispositivos digitales…

Este mundo necesita más humanidad activa, no espectadores abundantes ilustrados o falsamente «creídos ilustrados».

Ochenta y tres viernes después sigo aquí…
Sin faltar…
Sin acomodarme…
Sin suavizar lo que considero urgente…

Si decides quedarte o seguir leyendo artículos en este blog, que sea porque estás dispuesto a cuestionarte.

Si decides marcharte, adiós; que sea porque prefieres la comodidad… no me interesas como lector de este blog, pero te deseo lo mejor.

Pero, sobre todo, no te confundas: nunca confundas crítica con odio…
Ni contundencia, en este caso literaria, con violencia.
Ni nunca confundas exigencia con arrogancia.

Exigir coherencia es un acto de amor radical hacia la sociedad.

Y NO y NO, no lo comparto, no me gusta…
No me gusta la injusticia…
No comparto la pasividad…
No me gusta la falsedad política…
No comparto la indiferencia moral…

Y mientras tenga voz, lo escribiré y seguiré luchando contra ello…
Porque, por si a alguien no le ha quedado claro…
«el silencio nunca fue, ni será mi lenguaje»

Jorge Esquirol.
@elblogdejorgeesquirol

Un comentario

  1. Yo me quedo. Porque desde el primer momento, cada capítulo de tu blog para mí ha sido un parar, reflexionar e interiorizar.
    Y sí, soy más consciente.
    Así qué también digo NO y NO.
    Los valores y verdades tienen que ser escuchados. 💪🏼💪🏼💪🏼.

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