«Vigila»

Vigila
«Vigila»

Un viernes más y una nueva oportunidad que me concede Dios y la vida para seguir en contacto con tod@s vosotr@s y escribiros un nuevo artículo, ya el nº 78 consecutivo de esta comunidad mundial apodada: @elblogdejorgeesquirol.

Ya os comunico que estoy inmerso en ese encierro, voluntario y preciso, donde, en mi estudio, estoy escribiendo mi cuarto libro editorial. Justo hoy he terminado el tercer capítulo, y la palabra que da título a este artículo se me ha quedado en la retentiva. He querido desarrollarla para escribiros este nuevo artículo.

«Vigila», no como verbo, sino como estado; no como orden, sino como latido subterráneo de la conciencia cuando se sabe observada por sí misma.

«Vigila» antes del pensamiento, antes del nombre, antes de que la idea se solidifique y reclame pertenencia, porque toda idea, una vez nombrada —y quizá antes de ser ejecutada—, comienza ya a traicionarse a sí misma.

El lenguaje —el nuestro— no es revelador, sino que administra sombras. Y quien no vigila el lenguaje, termina viviendo dentro de ellas.

Hay una vigilancia que no mira hacia fuera ni hacia dentro, sino hacia el intersticio: ese espacio donde lo real aún no ha decidido qué forma adoptar, donde el sentido todavía no ha sido domesticado por la sintaxis. Vigilar es habitar ese margen inestable y aceptar la intemperie ontológica (pero dejemos la metafísica a un lado).

El mundo no se impone por la fuerza. Yo creo que el mundo se infiltra en nosotros por una cierta familiaridad.

Nada domina mejor que aquello que se repite hasta volverse invisible.

Como pensamientos propios, me gustaría compartir con tod@s vosotr@s, querid@s amig@s y lector@s, que vigiléis la repetición, porque no es más que la pedagogía del sometimiento.

Vigila la costumbre, porque es la antesala del adormecimiento o conformismo, y vigila la claridad nítida y excesiva, porque suele ocultar una simplificación violenta.

Siempre intentaron enseñarnos a confundir comprensión con rapidez, a llamar profundidad a lo que se cree entender en un primer golpe de vista. Pero lo verdaderamente profundo nunca se ofrece con una entereza veraz: se requiere rodeo, demora, silencio, incluso fracaso interpretativo.

Lo incomprensible no debe considerarse un defecto, sino una reserva de sentido.

«Vigila», cuando algo te resulta demasiado fácil de aceptar o comprender, porque justo ahí comienza la claudicación del pensamiento verdadero.

El que vigila no busca certezas; las somete a sospecha permanente. Sabe que toda certeza es provisional y que lo absoluto, cuando se presenta, suele hacerlo con acento dogmático. La vigilancia no se alía con la verdad, sino que desconfía incluso de ella.

Porque la verdad también aprende a mentir, y lo suele hacer con frecuencia, aun sin darnos cuenta.

«Vigila» las palabras que te emocionan… algunas fueron diseñadas para hacerlo.
«Vigila» los conceptos elevados, porque muy a menudo sirven para ocultar prácticas miserables.
Y «Vigila» el consenso, porque es el refugio favorito de la mediocridad organizada y de los mediocres confesos.

Hay un cansancio que no proviene del exceso de trabajo, sino del exceso de estímulo sin sentido: una fatiga metafísica causada por la imposibilidad de detenerse a pensar sin ser interrumpido por la urgencia de opinar.

Verdaderamente, vigilar es retirarse del ruido sin abandonar el mundo. No todo el silencio es vacío, y no toda desconexión es huida o escape…

A veces, vigilar consiste en no participar, en negarse a añadir una voz más al coro tumultuoso y desafinado de lo inmediato. Consiste también en sostener una pregunta sin resolverla, aunque nos incomode. Pensad que el que vigila acepta la incomodidad como método.

«Vigila» tus emociones cuando se vuelven previsibles…
«Vigila» tu indignación cuando aparece a horas programadas y repetitivas…
«Vigila» tu compasión cuando necesita ser exhibida…

Incluso la ética puede convertirse en espectáculo, y la conciencia puede aprender a actuar —y en ocasiones, con una interpretación digna de premio.

Hay una forma de vigilancia que no apunta a los demás, sino a la fácil superioridad moral, esa que se instala cuando creemos haber entendido todo, cuando dejamos de escuchar porque ya tenemos una respuesta preparada. Recordad: quien vigila no se siente a salvo de sí mismo.

«Vigila» tu identidad, para que no se convierta en una narración que se desvirtúe.
«Vigila» tu yo, porque tiende a ocupar más espacio del necesario.
«Vigila» lo insoportable, porque no admite escapatorias; lo luminoso, porque —por un instante— todo te va a exigir una gran responsabilidad.

«Vigila este texto».
No intentes atravesarlo ni comprenderlo a la primera buscando sentido inmediato. Déjalo incompleto y permite que se te resista.
Si no lo entiendes del todo, es porque mi intención ha funcionado.
Si te incomoda, cumple su propósito.
Y si te obliga a detenerte, este nuevo artículo ha empezado a vigilarte a ti.

Porque vigilar no es controlar el mundo, sino impedir que el mundo piense por ti. Y más, en una época que confunde información con sabiduría y ruido con existencia…

Vigilar es el último gesto no negociable de la conciencia que se niega a ser administrada, porque la coherencia absoluta suele ser una forma elegante de rigidez mental.

Pensar no es acumular ideas, sino dejar que algunas se vayan y mueran en el olvido de tu retentiva. Pero quiero incidir en este punto: solo mueren aquellas que han sido vigiladas hasta el agotamiento. Porque las ideas no examinadas se enquistan, se convierten en dogmas íntimos o enfermizos, y os aseguro que todo dogma, por íntimo que sea, es una prisión portátil que cargamos diariamente, estando encerrados en ella.

«Vigila» tu vida e incluso tu lucidez, no permitiendo que pueda o llegue a convertirse en vanidad.

Hay algo profundamente subversivo en la vigilancia silenciosa: algo que no grita, no persuade y no convence, pero que permanece. Y al permanecer, erosiona… como el agua que no discurre con la piedra, pero la transforma a su antojo y semejanza.

Para terminar, quiero compartir tres puntos fundamentales —bajo mi humilde opinión— con tod@s vosotr@s:

«Vigila» el tiempo, porque no corre: se disuelve.
«Vigila» el futuro, porque es una hipótesis —quizá hipócrita— interesada.
Y «Vigila» el pasado, porque suele mentir con una elegancia nostálgica inexistente.

Pero, sobre todo y ante todo, «vigila» tu presente, porque cuando se vigila, se vuelve insoportable y luminoso a la vez.

Vigila… tan solo… «vigila».

Jorge Esquirol
@elblogdejorgeesquirol

Posdata:
Hace ya mucho tiempo que no doy mis más sinceras gracias a los países que me leéis y me seguís mayoritariamente en esta mi web: www.jorgeesquirol.com y en mi web de autor www.jorgeesquirolauthor.com.
Gracias, USA, por durante los últimos meses ser los primeros en estar a mi lado. Mi querido México, siempre fiel; a Reino Unido, y más concretamente Irlanda, os debo seguir dando las gracias por vuestra gran fidelidad. Países Bajos, Italia, España, Dinamarca y Argentina habéis subido en las últimas semanas con una fuerza increíble, entrando Noruega, Venezuela y Cuba como nuevos en este arranque de este 2026.
Millones de gracias de corazón, y no olvidéis suscribiros a esta mi web de manera totalmente gratuita y sin dejar ningún dato personal, tan solo vuestro email.

Aprovecho la ocasión para informaros que en febrero vuelven nuevos e interesantísimos invitados en el formato «Entre Amigos», donde muy pronto sabréis de quién se trata.

Del proceso de escritura de mi cuarto libro ya os habréis dado por enterados, porque he arrancado este artículo comunicándolo.

Y recordad, como siempre os digo: por muchos obstáculos o vicisitudes que nos plantee la vida:

«Sed muy felices, por favor».

Os abrazo.
Jorge Esquirol.

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