Hay algo profundamente extraño en nuestra época. Tenemos más medios que nunca para comunicarnos y, sin embargo, cada vez parece costarnos más mirarnos a los ojos. Podemos saber qué está haciendo una persona situada a diez mil kilómetros de distancia, qué ha desayunado, dónde está pasando sus vacaciones, qué canción escucha, qué restaurante ha elegido,...





