Hola a todos, ¿cómo estáis?, ¿cómo ha ido vuestra semana?
A todos mis lectores, estéis donde estéis, en cualquier rincón del mundo, aquí seguimos, un viernes más…yo, por lo menos sigo aquí, y eso, aunque no lo parezca, ya es decir mucho….
Hoy escribo el artículo número 91 consecutivo, de este mi blog personal, sin faltar un solo viernes a mi compromiso con tod@s vostr@s.
Sin fallar… sin excusas…
Solo, mis pensamientos, mis reflexiones y mi humilde escritura.
Y hoy, como ya habéis visto, escribo desde un lugar, (que da el título al capítulo), desde el vacío.
No es un vacío evidente, ni quizá sea la ausencia dramática que uno identifica rápidamente y señala con el dedo, no amig@s.
El vacío, que siento es más sutil, probablemente más sofisticado, pero sobre todo más peligroso.
Es de esa clase, en el que el vacío que se instala en uno mismo, cuando todo aparentemente funciona a la perfección, cuando la estructura y los planes para uno mismo siguen en pie, pero el contenido ha dejado de importar.
Muchos de vosotr@s lo habréis sentido alguna vez, es esa sensación de que cuando uno sigue hablando, ya no dice nada, cuando incluso el pensamiento, (ese último refugio de los creadores) … empieza a sonar hueco…y hoy os quiero escribir desde esa dimensión, sentimiento o profundidad.
Durante mucho tiempo creí que el vacío era una carencia, algo que había que llenar, una anomalía del sistema impuesto…
Hoy ya no estoy tan seguro, empiezo a sospechar que el vacío no es un error, sino un estado…un punto de partida, una especie de desnudez radical donde todo lo accesorio ha sido retirado sin previo aviso…entonces ocurre algo inquietante, (o por lo menos aquí me ocurre), cuando todo desaparece, lo único que queda… eres tú… sin narrativa y sin ningún tipo de sentido prestado.
No todo el mundo está preparado para eso, porque el vacío no ofrece consuelo, no te da explicaciones, no responde a tus preguntas….
El vacío expone, si querid@s lector@s,…expone la fragilidad de nuestras certezas, la artificialidad de nuestros discursos, la dependencia, casi infantil, que tenemos del significado….
Desde niños, no enseñaron para interpretar, para entender, para encajar piezas, pero nadie nos enseñó a comprender lo incomprensible, y, sin embargo, es ahí donde, paradójicamente, empiezo a encontrar algo parecido a la verdad.
No una verdad cómoda, ni siquiera útil, es una verdad silenciosa.
Hoy os hablo, o escribo, desde el vacío, sí, pero no lo confundáis con escribir desde la derrota.
Hay algo extrañamente lúcido en este lugar, algo que no podría explicaros ni haber visto desde el ruido, desde la saturación, desde la constante necesidad de sentido.
En este lugar no hay distracciones, cada pensamiento tiene sentido y consciencia, cada palabra se justifica o se desploma….
En este tipo de vacío, no se puede fingir, y quizás por eso os lo estoy escribiendo, no y nunca para llenar el vacío…eso sería demasiado simple e ingenuo por mi parte, escribo para sostenerlo y traerlo al presente, para observarlo sin intervenir demasiado y para ver hasta dónde llega.
Porque tal vez, (y esto es solo una intuición), el sentido no desaparece, el sentido no se pierde, y puedo afirmar que el sentido, simplemente, deja de ser evidente.
Hay que aprender a no exigirle que se manifieste, no sé si esto se entiende, y, sinceramente, si os digo la verdad tampoco es mi prioridad que se entienda del todo.
Este, mi blog, @elblogdejorgeesquirol, no es un espacio para respuestas rápidas ni para certezas prefabricadas, nunca fue, y ahora mucho menos.
Si estás aquí, si has llegado hasta esta línea, es porque de alguna manera reconoces el sentido de mis reflexiones y te hayas unido a este “territorio nuevo e inexplorado” …aunque no sepas nombrarlo de ninguna forma o manera.
Yo, por mi parte, seguiré aquí, viernes tras viernes, artículo tras artículo, no sólo por constancia, (que también), sino por necesidad personal. Porque hay cosas que solo existen cuando se escriben…y otras…que solo aparecen cuando todo lo demás ya ha desaparecido.
Jorge Esquirol.
@elblogdejorgeesquirol.






Un comentario
Jorge, creo ver ese estado de «vacío» en el que te encuentras, como un acto de necesidad de introspección y reencuentro contigo mismo. Donde lo accesorio, lo aprendido hasta ahora, no cuenta. Y tienes esa incertidumbre, la de explorar lo nuevo que está por llegar. Vas sin prejuicios, sólo tú y tu esencia innata, no hay cabida para más en este inicio.
Un punto de partida… Si es así como te sientes, dejate llevar y mira con los ojos de observador de ese niño inexperinentado, que sigue existiendo en tu interior, y ábrete para que lo que se tenga que mostrar hacia tí suceda.
Ánimo, estoy segura de que va a ser un camino muy gratificante y enriquecedor para tí.