Propósitos, 2026

Propósitos
Propósitos, 2026

¿Cómo habéis empezado el 2026? Dijimos adiós al 2025 y ya estamos en un nuevo año, y el primer artículo de este 2026 (aunque ya 75 consecutivos), con el cual estamos tod@s esperanzados, y estoy seguro de que muchos de vosotr@s, como yo, con nuevos «propósitos» para cumplir.

Adiós 2025… Hola 2026, un instante, brevísimo y eterno, en el que el calendario cambia y, sin embargo, el ser humano permanece. El año nuevo entra como entra el frío por una rendija, silencioso, inevitable y exacto… y entonces sucede lo de siempre: nos prometemos cosas a nosotros mismos, nos juramos, nos escribimos a nosotros mismos un contrato de esperanza con cláusulas que casi nunca leemos en voz alta.

Pero hoy, día 2 de enero… no es tan solo una fiesta, es una sala de baile donde la música ya se apagó, es el regreso al silencio, es la hora en que ya no sirven los brindis, y la vida nos mira con esa serenidad cruel con la que miran las cosas verdaderas.

Porque el 1 de enero es un verdadero espectáculo para muchos, pero el 2 de enero es conciencia.

Y la conciencia, cuando se enciende, no trae fuegos artificiales: trae preguntas. La pregunta que el 2026 nos deja en la puerta no es qué vas a conseguir, no es cuántos objetivos vas a tachar de tu lista particular, la pregunta no es cuántos «logros» vas a exhibir con filtros.

La verdadera pregunta, la única, la que incomoda, la que purifica, es esta:
¿Vas a vivir este 2026 como quien sobrevive… o como quien se pertenece?

Porque hay quienes pasan por los años como un huésped que no llega a deshacer su equipaje, se quedan encerrados en su propia vida con la maleta cerrada, por si toca huir, por si toca volver a empezar, por si toca fingir… y ese modo de existir o de vivir, aunque parezca prudente, es una forma lenta de abandono.

Muchos a eso le llaman «madurez», algunos… «ser realista» y muchos, «lo normal».

Pero lo normal, muchas veces, es lo que más enferma y nos frena en seco la vida. Si os contara la verdad aplastante, no cabría en ningún artículo.

Nos han vendido que el fracaso es no alcanzar una meta, y os aseguro querid@s lector@s y amig@s que eso es lo que llamo yo una «mentira elegante».

El verdadero fracaso es no habitarse.
Fracasar es vivir sin escuchar nuestra voz interna cuando el cuerpo nos pide o nos suplica descanso.
Fracasar es reír en público y desmoronarse en privado, es convertir el corazón en una oficina exacta, abrir a las ocho, cerrar a las diez, y no sentir nada que no sea útil, interesante o intenso.

Esta es la verdad que nadie confiesa en los discursos o conferencias motivacionales; no estamos cansados por trabajar demasiado, estamos cansados por «representarnos demasiado», cansados de aparentar control, de sostener vínculos que nos drenan, cansados de cumplir expectativas ajenas como si fueran mandamientos.

Cansados de ser «fuertes» cuando por dentro solo queremos que alguien, por una vez, nos diga: «ya está… puedes soltar, puedes volver a ser tú mismo».

Y es ahí donde el 2026 comienza de verdad, cuando admites que no necesitas más fuerza, sino más verdad.

La verdad, si os soy sincero, no sé quién inventó que los propósitos deben ser medibles para ser serios… como si lo importante de la vida cupiera en una estadística… como si el amor se pudiera cuantificar… o como si la paz interior se pudiera registrar en una aplicación.

¿Y si en este 2026 te propusieras algo radicalmente inteligente?
Te propongo propósitos que no se anuncien, que no se presuman, que no se exhiban, propósitos que no sirvan para impresionar a nadie, pero sí para satisfacer tu propia consciencia.

Me gustaría compartir con tod@s vosotros cinco propósitos que me están viviendo a la mente en estos momentos:

1. Dejar de huir
El primer propósito para el 2026 debería ser el más simple y el más temible: dejar de escapar de ti mismo, porque solemos escapar con ruido, con pantallas, con ocupaciones, con reuniones, con respuestas rápidas. Escapamos incluso con «productividad», como si la productividad fuera una coartada moral: «no estoy bien, pero al menos estoy haciendo cosas».

Y, sin embargo, llega una noche (siempre llega, os lo aseguro), en la que la vida apaga el mundo y te deja a solas contigo y ahí, sin testigos, sin excusas, sin distracciones, se revela lo esencial: no se puede construir un año nuevo sobre un yo abandonado.

2. Propósito emocional: aprender a sentir sin pedir perdón
Nos educaron para ser eficientes, no para ser conscientes. Nos enseñaron a rendir, no a respirar. Y nos entrenaron para competir, no para comprender. Por eso tanta gente confunde la sensibilidad con debilidad. Pero la sensibilidad no es fragilidad, es lo que llamo yo «inteligencia del alma»: es percepción, análisis… es verdad sin armadura alguna.

Deseo que el 2026 no sea el año en el que tengas que endurecerte para sobrevivir, y sí, que sea el año en que te ablandaste para vivir. Sí, quizá a algun@s os suene mal la palabra «ablandarse», pero ablandarse es moldearte a ti mismo dejándote llevar, sin fustigarte tanto, es dejarte llevar como la tierra cuando recibe la lluvia y deja de resistirse al agua.

3. Propósito de autoestima: dejar de negociarte
Hay personas que, por miedo a perder, se entregan a plazos… se traicionan por pequeñas cantidades, por un poco de aceptación, un poco de atención, un poco de afecto a medias.

Y así pasan los años, tolerando migajas, llamándolas «amor», y llamando «paciencia» a lo que es puro miedo.
Que tu propósito para 2026 sea: no volver a mendigar lo que mereces. Recuérdalo: no más amor a medias, no más presencia intermitente, no más promesas que se repiten sin cumplirse.

Porque lo que no es recíproco, con el tiempo, se vuelve herida.

4. Propósito de salud mental: descansar como acto de dignidad
Descansar no es una pausa, es una decisión ética.
En una cultura impuesta o sociedad que glorifica la prisa y el agotamiento, descansar es un acto de rebeldía consciente y es, también, una forma de espiritualidad moderna: volver al cuerpo, volver a la respiración, volver al presente.

Me gustaría que el 2026 no sea el año en que hiciste más… sino el año en que te cuidaste mejor. Piensa que existe un tipo de cansancio que no se cura con dormir o descansar, se cura con dejar de vivir para impresionar a tu entorno.

5. Propósito de crecimiento personal: aprender a soltar, a dejar ir, sin dramatismo
Soltar no es perder. Soltar o dejar ir, desprenderse de las cosas o personas que no te dejan avanzar, es devolverle a la vida lo que ya no te corresponde cargar.

Soltar personas que no te eligen… soltar ideas que te cuadran… soltar culpas, quizá heredadas.
Soltar el hábito de castigarte por no ser perfecto.

El 2026 puede ser tu año del arte de desprenderte, sin odio, sin venganza, sin rencor, con esa elegancia moral que solo tienen los que han sufrido y, aun así, deciden no contaminarse.

6. Propósito maestro: vivir con verdad
Es este, de todos los propósitos para el 2026, el que sostiene a los demás como un pilar silencioso.
Vivir con verdad es vivir en lo que sientes, en lo que necesitas, en lo que ya no puedes sostener y en lo que mereces.

La verdad no siempre tiene que ser aplaudida, a veces se paga.
Pero la mentira siempre se cobra, y lo hace con intereses: en forma de ansiedad, de agotamiento, de tristeza sin nombre.

Es curioso, el ser humano soporta casi cualquier cosa… excepto vivir contra sí mismo.

Para ir terminando me gustaría compartir con vosotros una reflexión de Año Nuevo que no es dulce, pero sí real: hay gente que entra en enero con una sonrisa y en pocos meses está rota, y ¿sabéis?, no porque sus días o meses hayan sido difíciles. El verdadero problema no es la dificultad, sino la vida que llevan arrastrando.

A veces el propósito no es «ser feliz», a veces el propósito es dejar de hacerse daño a uno mismo, dejar de hablarte con desprecio, dejar de compararte, dejar de exigirte ser invulnerable, dejar de cargar con todo por orgullo.

Porque el orgullo también es una forma de soledad.

Unas últimas palabras para que os acompañen durante todo este 2026: porque si en este 2 de enero de 2026 sientes un nudo en el pecho, no es casualidad, es tu vida pidiéndote que la mires de frente, es tu corazón reclamando el lugar que le corresponde, es tu alma diciendo o gritando: «hasta aquí».

Y entonces, quizás, el verdadero propósito aparece, no como un grito, ni como una promesa, sino como un susurro definitivo, acercándose a tu oído para decirte bajito: «Este va a ser tu año».

Querid@s lectores, que el 2026 sea vuestro año de:
motivación real, no de euforia prestada.
introspección, no de autoengaño.
crecimiento personal, no de supervivencia.
consciencia, no de piloto automático.
paz interior, no de guerra silenciosa.
autoestima, no de migajas.
salud emocional, no de desgaste.

Y si al final del 2026 no has conseguido todo lo que soñabas, pero has conseguido mirarte con más ternura, perdonarte con más honestidad, elegirte con más valentía, respirar con más calma y vivir con más sentido, habrá merecido más la pena de lo que puedas imaginar. Habrás logrado algo demasiado grande, que no es más que «ser tú mismo» y habitar tu «propio yo».

Muy Feliz año 2026 a tod@s, no por lo que traiga el calendario, sino por lo que decidas traer tú, que espero que sea verdad, presencia y alma.

Jorge Esquirol
@elblogdejorgeesquirol

Posdata:
Yo también tengo un propósito para este 2026. Tan sólo pido que tod@s y cada uno de vosotr@s seáis felices siendo vosotros mismos, cada uno con su personalidad, sus ideas o sus ilusiones, porque la vida de cada uno es suya propia y el que se intenta meter en la vida de los demás, es que carece de vida propia.

Yo me conformo con respirar, como siempre os digo: «solo por respirar merece la pena vivir», y con poder seguir mi camino de reflexión, estudio, análisis y crecimiento personal. Así que, a pesar de todos los obstáculos que ponga la vida, intentad:

«Sed muy felices, por favor»

Os abrazo.
Jorge Esquirol.

Un comentario

  1. A veces un cambio de año es solo un descuelgo el calendario pasado y coloco el nuevo, pero otras veces no. Otras veces, además, llega con cambios que te descolocan y que se agregan. A ésos, los hay que recibir, encajar y proyectarse para volver a resurgir con «tu propia esencia» y así aprender, crecer y volver a darte cuenta de que tu mayor fortaleza está dentro de tí mism@.
    Retomo, lo que ya es un lema para mí:
    «el ser siempre yo misma».
    Y me sigo abriendo paso con la verdad, porque sino no sería yo.
    Y dicho ésto, también retomo mis riendas, mis risas y mis ilusiones porque la vida es maravillosa y así hay que vivirla!
    Muchas gracias, Jorge, por otra gran reflexión en otro viernes más, pero de un nuevo año.
    Feliz 2026 a tod@s.

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